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03 de marzo de 2026

Santa Coloma reactiva su proyecto de ‘ciudad termal’: un spa metropolitano público a 20 minutos en metro de Barcelona

Santa Coloma de Gramenet prepara un centro termal público en Can Zam tras el hallazgo de un acuífero a ~30ºC durante las obras del metro: piscinas, circuito de chorros y foco en uso cotidiano.

Ver fuente: 20minutos

Santa Coloma de Gramenet lleva meses afinando un proyecto inusual en el área metropolitana de Barcelona: convertir el hallazgo de un acuífero de agua caliente en un equipamiento termal de uso cotidiano y gestión pública. El punto de partida fue casi accidental: durante las obras de la línea 9 del metro, en 2014, apareció agua a varios cientos de metros de profundidad, con una temperatura cercana a los 30ºC. Los estudios posteriores confirmaron estabilidad del recurso, caudal suficiente y sin impacto sobre el agua potable.

El planteamiento del Ayuntamiento es doble y, si se ejecuta bien, interesante: usar el agua termal para reducir consumo energético de equipamientos municipales y, a la vez, levantar un balneario/spa público en la zona de Can Zam pensado para ir “como quien va a la piscina municipal”, no para una escapada puntual. En el papel, el centro contemplaría piscinas interiores y exteriores a distintas temperaturas, chorros, hidromasaje, saunas y zonas de descanso.

Aquí hay una discusión de fondo que España todavía no ha resuelto del todo: ¿qué entendemos por termalismo cuando aterriza en ciudad? Si el proyecto acaba siendo “circuito de aguas + sauna” lo llamaremos spa, y ya. Pero si se le añade criterio sanitario (protocolos, indicaciones, contraindicaciones, coordinación con atención primaria, y un mínimo de supervisión profesional), podría abrir una vía más ambiciosa: termalismo urbano como infraestructura de salud preventiva. No hace falta vender humo médico; hace falta diseñar el servicio para que el usuario sepa qué compra.

La clave operativa es la accesibilidad. El artículo subraya la conexión por metro: poder llegar en menos de 20 minutos desde distintos puntos de Barcelona. Esa fricción baja —tiempo y transporte— cambia el tipo de usuario: menos turismo “de fin de semana”, más ritual semanal (recuperación muscular, estrés, sueño, dolor crónico leve). Y, en wellness, la repetición suele valer más que la “experiencia inolvidable”.

Implicación práctica: si Santa Coloma convierte el proyecto en realidad en 2026, podría normalizar el concepto de spa/termalismo público metropolitano en España. Para el sector privado, no es una amenaza automática: es una señal de demanda. Cuando el acceso es sencillo y el precio es razonable, la gente no deja de cuidarse; se cuida más.