Ourense pide separar ‘balneario’ de ‘ocio’ en la sanidad pública: el termalismo terapéutico quiere marco sanitario propio
La Diputación de Ourense respalda una iniciativa para que el termalismo terapéutico se trate como recurso sanitario estratégico y no se equipare a ocio: piden cambios normativos y abren el debate sobre evidencia y cartera de servicios.
Ver fuente: Faro de VigoLa Diputación de Ourense aprobó una iniciativa que, aunque aparece al final de una crónica política, toca el nervio central del sector: el termalismo terapéutico quiere dejar de ser tratado como entretenimiento. La propuesta —según Faro de Vigo— plantea que la FEMP reclame al Gobierno central la supresión del término “balneario” y de la referencia al “uso de aguas” en el artículo 5.4 del real decreto que regula la cartera común de servicios del Sistema Nacional de Salud, para evitar la equiparación automática con actividades de ocio.
Traducido: cuando “balneario” se usa como sinónimo de “relax”, el termalismo pierde su dimensión sanitaria. Y no hablamos de marketing, sino de cómo se codifica y se financia (o no) una intervención en el marco público. La moción también apunta a un segundo escalón: instar a la Xunta a estudiar la inclusión progresiva de terapias balnearias en la cartera complementaria autonómica, una vez se modifique la normativa estatal.
Es un debate con dos peligros. El primero es el de siempre: convertir el termalismo en un cajón de sastre donde cabe cualquier experiencia con agua caliente. Eso degrada credibilidad y dificulta cualquier integración sanitaria. El segundo es el contrario: pedir “marco sanitario” sin asumir el requisito básico: evidencia clínica, protocolos, indicadores de resultado y transparencia. Si el sector quiere hablar el idioma de la sanidad, tiene que aceptar sus reglas.
En términos de wellness, la noticia importa por una razón incómoda: el mercado español ha crecido llamando “spa” a todo. Eso funciona en turismo, pero es un lastre cuando la conversación es prevención, dolor crónico, rehabilitación o envejecimiento activo. Ourense —con su tradición termal— está empujando para que el país diferencie conceptos: ocio de bienestar (perfectamente legítimo) frente a termalismo con intención terapéutica.
Implicación práctica para el viajero y el profesional: si este movimiento gana tracción, veremos más presión para que los centros que se presenten como “terapéuticos” documenten mejor sus indicaciones (reumatología, respiratorio, dermatológico…), sus contraindicaciones y su supervisión. Y eso, a medio plazo, sube el estándar. En wellness, la calidad no suele venir de una vela aromática: viene de un marco claro.